La PEÑA EL AJO se funda en el año 1969 por una treintena de jóvenes procedentes, principalmente de peñas como “El Despiste”, “Las Tres”, “El Disloque” y, sobre todo, de “La Kuadra”.
La organización de nuestra peña se parió en el BAR DORADO, cuando todavía estaba en la Plaza del Torico.
Aquella primera junta la integraron José Fernando Ortubia como presidente; Jesús Zuriaga como vicepresidente; José Luis Galindo como secretario; José Luis Muñoz como tesorero y como vocales Félix Brun y José Paricio.
El primer nombre que barajaron para la peña no fue “EL AJO”. Pensaron al principio ponerle en nombre de PEÑA “EL QUÉ” por hacer la guasa.
El primer local estuvo en la Plaza de Domingo Gascón, en las escaleras del antiguo mercado municipal.
No eran muchos y, para colmo, alguno se echó novia y otros se fueron a estudiar fuera con lo que, en 1970, la Peña EL AJO ya no participó en la Vaquilla del Ángel.

REFUNDACIÓN DE LA PEÑA EN 1975
En 1975 los hermanos Barrabino (Eloy y Javier), Jesús y Alfonso Almazán se unieron a la cuadrilla de David Sánchez, José Aznar, Antonio Játiva, Mario Burillo, José Andrés, Paco Barón, Manolo Herrera y otros amigos más para formar de nuevo la peña. Su presidente Javier Barrabino y el local estuvo en la plaza de Cristo Rey (Monjas de Arriba). Aquel año ya llegaron a e 150 socios y un presupuesto de 283.000 pesetas.

 

AÑO 1976

Siguió de presidente Eloy Barrabino pero, debido a las quejas las monjas que enclaustradas tuvieron que cambiar de local a la plaza de la Marquesa. Por aquel entonces, los chicos pagaban 1.600 pesetas y las chicas 1.200.


AÑO 1977

Fue nombrado presidente de la peña Tomás Sánchez Pérez. Aquel año a los de la peña les dio por organizar una velada de boxeo que resultó un desastre en lo económico (no así en lo deportivo) pues sufrió el boicot del resto de las peñas.

AÑO 1978

Fernando Olmo Ramírez, fue el presidente ese año y en su nueva junta ya aparecen nombre que luego fueron clave en el devenir de la Peña EL AJO: José Aznar “Retales”, José Andrés “Fune”, Francisco Barón, Javier Alegre o Alfonso Almazán.
Ese año la directiva centró sus esfuerzos en pagar todas las deudas que dejó la gestión de Eloy Barrabino y que arrastraron hasta entonces.
Este fue el año en el que EL AJO tuvo el local en la mítica plaza de los AMANTES pero solamente en un solar que ahora ocupa el edificio multiusos y la oficina de turismo del Ayuntamiento.


AÑO 1979

Fernando Olmo siguió de presidente. Se sobrepasó la cifra de los 200 socios. Este fue el año en el que se cambió el pañuelo rojo por el “cachirulo” y se comenzó a programar las orquestas solo por la noche, para que la música se prolongara hasta la madrugada.


AÑO 1980-1984

Llegó a la presidencia José Aznar Alegre “Retales”, con el que realmente comenzó la revolución que nos ha llevado hasta ahora. Como pretendía incrementar el número de socios y visitantes, se salió de ese solar a la propia plaza colocando en ella una barra de bar que comenzó a dar ingresos económicos aunque la gestionaba la propia directiva.
Dos o tres años después, la barra comenzaron a gestionarla profesionales que comenzaron a pagar a la peña por este servicio que, se empleó el primer año en pagar el viaje de los socios que quisieron a las fiestas de San Roque de Calatayud.r grupo.
La peña con José Aznar cogió muchísimo auge en parte gracias a la colaboración de sus buenos amigos David Sánchez, Antonio Játiva y José Andrés y a la incorporación de nuevos “talentos” entre los que cabe destacar a Fito y su Hermano Pipo que se incorporaron a tareas directivas.
En la era “Retales” se comienzan a realizar los primero programas “singulares” de la Peña EL AJO tras los que está la mano de la cuadrilla de Fito y Pipo y otras gentes vinculadas al tambor. También fue la era de las grandes orquestas y cuando se consolidó EL AJO como local de cierre vaquillero
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Se superan los 400 socios y EL AJO ya comienza a ser la peña más barata pagando cada socio 2.000 pesetas.


AÑO 1985

Fue presidente de transición Adolfo Rodríguez “Fito” con lo que la peña vuelve a girar en busca de ofrecer más por menos.
La peña apuntando en las clásicas libretas cuyas portadas se dibujaban a mano y que todavía se conservan. En ellas se puede comprobar que los socios que se inscribían eran mayoritariamente jóvenes de entre 14 y 16 años.
Fito se enfrentó a la primera “reorganización” de reparto de cenas y comidas que tuvo que afrontar EL AJO pues el número de socios, gracias a la campaña previa que se hizo, a la programación de grupos y charanga, y al tirón heredado del anterior presidente, situó a la peña por encima de los 500 socios.
Se ingresaron por cuotas 1.899.000 peseta, 120.000 pesetas que concedió el Ayuntamiento, 48.000 pesetas por beneficio de la venta de lotería de Navidad, 21.000 pesetas por los anuncios del programa, 160.000 por la concesión de la barra del bar y 10.000 pesetas de subvención de la C.A.Z.A.R.
El programa de la peña dio un nuevo vuelco hacia el “surrealismo” que ya no abandonarían hasta nuestros días.


AÑO 1986, 1987, 1988 y 1989

“Fito” dejó la presidencia (que no la directiva) al marcharse a estudiar a Zaragoza. El nuevo presidente fue Fernando Sánchez y le acompañaron en la junta Manuel Rodríguez “Pipo”, Ricardo Collados, Carlos de Leonardo y Juan Pablo Marco.
La junta directiva empezó a reunirse en el bar “Sarto” y lo hicieron durante muchos años. Nuevamente se trae a colación la famosa libreta de gusano, que utiliza la peña para afrontar a sus socios. Reproducimos la portada y la primera y última hoja de dicha libreta.
La cuota aquel año alcanzó las 5.000 pesetas por socio.
Cuando se estaba en plenos preparativos de Vaquilla, se recibió la noticia de la muerte en Calatayud el querido presidente del Cachirulo “Benito”. Con su muerte, el lazo entre las dos peñas se debilitó pese a varios intentos desde EL AJO en que este vínculo no se perdiera.
En 1988, EL AJO se convierte en asociación cultural de cara a la justificación de las subvenciones intitucionales. Ese mismo año surge la primera sopresa cuando puja por la barra de la peña el socio Mauricio Alegre con una propuesta que supera cualquier espectativa hasta la fecha: 700.000 pesetas y algo también en especie.
A partir de ese año se quedó la barra durante muchos más años, siendo los contratos cada vez mejores para ambas partes.
Por aquél entonces, EL AJO participó muy activamente en Interpeñas en la programación y realización de los conciertos que trajeron a Teruel las figuras del momento: Joaquín Sabina, La Orquesta Mondragón…
En 1989, Fernando Sánchez en la peña “El Ajo”, con idea de dejar la directiva, adjunta a la presidencia Manuel Rodríguez “Pipo” que ya a partir de este año fue tomando alguna decisión bajo la anuencia del presidente.
Aquél año comenzaron en firme los rumores de que tendríamos que abandonar la plaza de los Amantes por lo que, antes de querdarnos sin sitio, se solicitó la plaza del Venerable Francés de Aranda que luego ocupó el DESPISTE pues hasta 2004 no tuvimos que abandonarla.


AÑOS 1990, 1991, 1992

Manuel Rodríguez Amat “PIPO” comenzó su andadura como presidente de la peña de la que era socio desde 1981. Conocía perfectamente todos los entresijos de dirigir una peña gracias a su experiencia en directivas. Los directivos que lo acompañaron durante el periodo 1990-1992 en que acaba la historia fueron: Fernando Sánchez que continuó con la junta, Adolfo Rodríguez “Fito”, Ricardo Collados, Juan Pablo Marco, Carlos de Leonardo, Michel Torres, Abel Álvarez, José Manuel y Francisco Ubé. La verdad es que continuó el núcleo de personas que ya estuvieron en años y directivas anteriores.

Pipo se enfrentó al contencioso que había presentado el Ayuntamiento a la peña por el derribo de la valla en su local.
Con su mandato realmente a conocerse EL AJO que ahora conocemos. La introducción de la “discomóvil” a principios de los años noventa. Los socios ya acostumbrados a terminar los últimos la Vaquilla con sus especiales horarios de orquestas, comenzaron a acostumbrarse a no acabar. En cualquier caso la juerga se prolongaba sin problemas salvo los lunes pues las brigadas de limpieza siempre tenían sus más y sus menos echándoles la bronca, porque ellos tenían que trabajar y no podían entrar al local por haber todavía demasiada gente bailando.
En estos años tuvo gran papel el diseño (en programas, pancartas, camisetas, escudos…) gracias a los hermanos Ubé, Manolo Herrero Asensio “El Grande” y Michel Torres.
Aquel año fue también memorable por una anécdota que recogía así Diario de Teruel “… La indignación y la protesta de las peñas vaquilleras por lo ocurrido en la merienda de la plaza de toros el domingo, llevó a que estos se manifestaran mediante una agresión simbólica al Ayuntamiento, arrojando más de mil merengues contra su puerta principal. Una postura que sería apoyada a lo largo de la noche por el mudo testimonio de personas que pegaron sobre la empastada pancarta las localidades compradas para asistir a la merienda. Las peñas mantuvieron la postura de que no se les pueden cerrar las puertas en la Vaquilla.
Las bandejas y envoltorios de Confitería Muñoz, rodeaban la enmerengada puerta del Consistorio. Florencio Muñoz uno de los propietarios de la confitería afirmaba sobre la procedencia de estos merengues que “con anterioridad al inicio de la fiesta dos peñas encargaron merengues, una setecientos y otra mil cuatrocientos.
Unos dulces que al parecer iban a servir para montar una pastosa lucha y que terminaron como reflejo de protesta y descontento con el modo de actuar de los “munícipes”.
También este año se repartieron las primeras chorradas para la merienda que dieron una risa monumental… Se repartieron 700 cascos de Vikingo. Imaginaos la calle de San Juan llena de cuernos.
En 1991, se contrata una charanga para la noche de los ensogados por primera vez, completanto el programa NON STOP tanto en la calle como en el local. Fue la charanga “Fa-fredat” que volvió varios años con gran éxito.
Este año se superaron los 680 socios y se obtuvo por la barra la friolera para la época de 1.300.000 pesetas además de 18 barriles de cerveza, cafés, copas y puros los tres días y 2 vermouths con gambas (domingo y lunes).
En 1981 EL AJO la volvió a liar parda al repartir, en lugar de los cascos vikingos del año 90, tricornios de la Guardia Civil. La movida fue acojonante.
La polémica suscitada por el uso del “tricornio” entre las fuerzas vivas de la ciudad trajo un agrio debate que comenzó con un artículo por el entonces director del Diario de Teruel que con fecha 1-8-91 tituló “A toros pasados. Los del tricornio”, Carlos Hernández. “Como contraste la peña “El Ajo” sumándose a algunos extraños casos de calenturienta “imaginación”, adquirió una perfecta imitación del glorioso tricornio de la Guardia Civil, eso sí, sin barbuquejo. El momento no podía ser más oportuno. Cuando esta benemérita institución, viene sufriendo en sus carnes y en la de sus familias el espanto del terrorismo, un mentecato presidente dispone menospreciar y ridiculizar a uno de los cuerpos de mayor raigambre de la España eterna. Lo peor es que fue secundado por el resto. La democracia, no es eso, no es eso… Ya lo decía el poeta, el doctor Calvo en su poema “La Vaquilla (1928?): “En grupos y sueltos (marchan cientos, miles y en ellos revueltos andan los civiles…” ¡Qué pena!
No se dejó esperar mucho tiempo la réplica que dio a esta carta el socio de la peña A. Muñoz Porcar, que tres días después, 4-8-91, envió a Diario de Teruel una carta para su publicación que tituló “¡Qué pena, señor Hernández!”
El año 1992 comienza de la siguiente manera en EL AJO… “La lectura del acta anterior no se realiza, pues no existe ninguna, por lo que se aprueba por unanimidad”. ACOJONANTE.
Este año se dio uno de los programas más originales. Era una camiseta con el horario de los actos dibujados magníficamente por uno de los socios “Víctor”
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En 1992 surgió un sector radical de “El Ajo” que se llamaron “Ultrajoss”. Dentro de la gran fiesta que había dentro de la peña, era un grupo que todavía le iba mucho más la marcha. Este grupo fue como de apoyo logístico. Lo que hacían era juntarse, se pagaban sus copas y montaban sus juergas. Eran un auténtico apoyo para la directiva.
Hasta aquí, es un estracto de lo recogido 
por el libro de Nonito Vicente sobre la historia de los primeros 50 años de las peñas vaquilleras.

ESTAMOS TRABAJANDO PARA COMPLETARLA HASTA HOY…

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